Hay una parte de emprender que casi nadie muestra: los meses o los años en que no pasa nada, no entra plata y encima nadie te acompaña. Grabé este video sentado en el parque Yoyogi de Tokio, cerca de Shibuya, en medio de un viaje, porque venía pensando justamente en eso. Acá está lo que aprendí de mi propio proceso y de las reuniones con clientes, incluidos los errores al emprender que yo mismo cometí y que veo repetirse en casi todas las empresas.
Este texto sobre errores al emprender no es una lista de tips: es la parte que casi nadie cuenta —la soledad del proceso y los años sin resultados— junto con los cuatro errores concretos que se repiten en casi todas las empresas que asesoramos.
El camino es solitario y el apoyo llega recién después
Emprender no es simple. Eso se dice muchas veces y probablemente ya estés cansado de escucharlo. Lo que casi no se cuenta es la perspectiva personal: en primera instancia es un camino muy solitario. Te sentás y te planteás por qué estás haciendo esto, si estás tan solo.
Después te das cuenta de que no estabas solo, de que sí hay gente que te apoya. Pero durante el proceso uno se siente muy solo. Es como que no tenés un respaldo, o no sentís que la gente te apoye. Es difícil de explicar y es más difícil todavía de sostener.
Y hay algo que vi en varios emprendedores exitosos: no es hasta que la pegás que tenés el apoyo. Durante el proceso de ganar plata, de tener suscriptores, de lo que sea que quieras hacer, no hay nadie. Todos hacen los boludos. Cuando la pegás, cuando empezás a ganar plata, cuando empezás a tener seguidores, cuando las cosas empiezan a resultar bien, ahí la gente se acerca mucho más y te dice “yo te apoyé todo el tiempo”. Darse cuenta de eso a tiempo evita bastante frustración.
¿Cuánto tiempo se puede estar sin resultados?
En las últimas reuniones que tuve con clientes vi lo mismo una y otra vez: les cuesta muchísimo superar la etapa de la soledad y les cuesta superar la etapa de no resultados. Y esa segunda etapa es larga.
Te podés pasar doce meses, un año, dos años, tres años sin tener resultado. Te la pegás. Estás fundido. Tenés que pedir plata prestada. Tenés que vivir con lo justo. Eso también es emprender, aunque no aparezca en ningún video de un minuto.
Lo que cambia la cabeza es entender que es una cuestión de tiempo. Yo lo digo así: el éxito es no fracasar lo suficiente. Te pegás un palo, te pegás dos palos, pero el tercero y el cuarto ya no te los pegás, porque decís “por este camino no voy, voy a hacer algo diferente, voy a evitar pisar el palito”. Y llega un momento en que efectivamente ya no lo pisás, porque ya te equivocaste en tantas cosas que las reconocés antes.
Los errores al emprender que uno comete cegado
Hay una lista de errores comunísimos que en el camino uno no ve. En el hacer, el emprendedor vive un poco cegado. Estos son los que nombro en el video, y varios los cometí yo.
El primero es manejar mal el cash flow de la empresa. Me pasó a mí, y es el que más rápido te deja sin negocio aunque estés vendiendo. El segundo es quemar prospectos, contactos que se arruinan por mala gestión y que después no vuelven. El tercero son las campañas de marketing que no andan bien y que igual se dejan corriendo.
El cuarto es el que más me interesa aclarar, porque es el que está al revés en la cabeza de casi todos: invertir poco en anuncios. Muchos piensan que el error es invertir mucho. El error, en realidad, es invertir poco.
Es una cuestión de tiempo: de los mil tiros, uno entra
Tarde o temprano los puntos se conectan. Muchas veces vas a sentir que la cosa no funciona, que estás muy solo, que no sabés si estás avanzando o retrocediendo. Ahí lo único que hay que hacer es seguir avanzando.
Esto me lo van a escuchar decir muchas veces: el éxito es una cuestión de tiempo. Uno la caga, la caga, la caga, hasta que ya está. De los cien tiros que tiraste, de los mil tiros, a uno le acertás. Es una cuestión lógica, casi de matemática pura. Los negocios son muy parecidos a eso: el que hace la cantidad de intentos suficiente termina acertando, y el que hace tres y se frena, no.
Todos son expertos: por qué dejé de darle bola a la opinión ajena
Cada vez le doy menos importancia a la opinión de los demás. Todos son expertos en negocios, todos son expertos en finanzas, todos son expertos en marketing. Y cuando lo primero que escucho de alguien es “soy experto en tanto”, ya me dice que probablemente no lo sea.
A mí me dan miedo las autodenominaciones, incluso las mías. A veces me planteo por qué me digo mentor, qué es eso de mentor, por qué me creo mentor. Está bueno filosofar un poco sobre las creencias que uno tiene ahí, en vez de repetir el título sin pensarlo.
Pero el punto de fondo no es solamente no escuchar a otros: es escucharte a vos mismo para poder innovar. Si todo el tiempo estás mirando las noticias, el último negocio, la última oportunidad, lo que estás haciendo es copiar. Dejate de comparar con otros y dejá de darle bola a cualquier otra cosa que no sea tu negocio y tu vida personal.
Replantear qué es tener resultados
Muchas veces tenemos una idea errónea de qué es el éxito en los negocios y de qué es tener resultados. Hay que darse la oportunidad de replantearlo constantemente, porque es algo muy personal.
Dejando de lado la plata —una vez que estás ganando, que tenés clientes, que el negocio está más o menos ordenado— la pregunta que sigue es qué más. Qué más querés hacer con tu vida, con tu salud, con tu mente.
A mí me pasó que leí muchos libros, y sigo leyendo porque me gusta, pero paré de leer tantos, porque después de leer bastantes todos dicen más o menos lo mismo: quereté a vos mismo, priorizá, no escuches a los demás, liderazgo, finanzas, ahorrá el 10% de tus ingresos. En algún punto deja de sumar y lo que hace falta es escucharse a uno mismo.
Lo que sí sostengo: locus interno de control
Soy bastante crítico de esas porquerías de levantarse a las cinco, la ducha fría, la rutina de cincuenta hábitos y anotar los propósitos. Al principio sirve, cuando estás arrancando. Pero después tomás una adultez en el mundo del negocio en la que hacés lo que tenés que hacer. Esa es la conclusión: hacés lo que tenés que hacer.
Eso tiene nombre: locus interno de control. Si tenés un locus interno de control, todas las cosas que pasan en tu vida pasan porque vos las estás creando, porque vos sos el responsable y te responsabilizás por los resultados.
Sobre escribir objetivos, el primer paso es anotar lo que querés, pero después tenés que sentirlo. Como dice Joe Dispenza, es un equilibrio entre pensamiento y sentimiento para llegar al estado del ser. Si escribís todo el tiempo lo que querés pero no lo sentís, va a ser muy difícil y vas a tardar mucho. Cuando cada vez que lo escribís sentís que lo estás logrando, no te detiene nadie, y después ni siquiera te hace falta escribirlo.
El mejor funnel no te salva
Podés tener el mejor funnel, el mejor flujograma de tu empresa, un montón de procesos delegados y un organigrama enorme. Si vos no te la creés, si no tenés un buen desarrollo personal, ese tipo de cosas no te va a servir para escalar, ni para poner más plata en anuncios, ni para contratar más gente, ni para tener más tiempo libre como dueño de negocio.
Lo digo yo, que me dedico a implementar sistemas comerciales. Por eso hoy le hago foco también a la parte blanda, y no solamente a la técnica.
Por qué publicamos esto
Porque este contenido no vende nada, y por eso mismo vale. No hay método, no hay número prometido, no hay auto de fondo. Lo publicamos porque el empresario que entiende que puede pasar dos o tres años sin resultados toma decisiones distintas —y bastante mejores— que el que espera un truco para el trimestre. Con el primero se puede trabajar en serio.
La soledad de emprender y la pregunta de cuánto tiempo tarda un negocio en dar resultados son, en mi experiencia, los dos temas que menos se hablan y más frenan a un emprendedor en el camino.
El siguiente paso, sin pitch
Si algo de esto te interpeló como dueño de negocio, el mejor uso que le podés dar es mirar cuál de los cuatro errores está vivo hoy en tu empresa: el cash flow, los prospectos quemados, las campañas que no andan o la inversión demasiado chica en anuncios.
Podés ver el video completo en el canal, donde está la reflexión entera grabada en Tokio. Esta nota es parte de la misma serie que el momento perfecto no existe y disciplina empresarial: lo que aprendí en Okinawa. Y si querés que miremos juntos en qué etapa está tu negocio y qué error se está repitiendo, escribinos y armamos un diagnóstico. Primero miramos los números; después vemos si tiene sentido trabajar juntos.
Preguntas frecuentes
01¿Cuánto tiempo se puede estar sin resultados al emprender?
Por lo que viví y por lo que veo en las reuniones con clientes, podés pasar doce meses, un año, dos o tres años sin resultado, fundido, pidiendo plata prestada y viviendo con lo justo. Es una etapa del proceso, no un veredicto.
02¿Por qué emprender se siente tan solitario?
Porque el apoyo aparece después del resultado, no durante el proceso. Mientras construís no hay casi nadie; cuando la pegás y las cosas empiezan a resultar, la gente se acerca y te dice que te apoyó todo el tiempo.
03¿Cuál es el error más común al invertir en publicidad?
Invertir poco. Mucha gente piensa que el error es invertir mucho, pero el error en realidad es invertir poco.
04¿Qué es el locus interno de control aplicado a un negocio?
Es asumir que las cosas que pasan en tu vida y en tu empresa pasan porque vos las estás creando, y responsabilizarte por los resultados en lugar de tercerizar la culpa.
05¿Sirven las rutinas de productividad tipo levantarse a las 5?
Al principio sí, cuando estás arrancando. Después llega una adultez en el mundo del negocio en la que simplemente hacés lo que tenés que hacer, sin necesitar el andamiaje de cincuenta hábitos.
06¿La soledad al emprender es una señal de que algo está mal?
No necesariamente. Es una etapa habitual del proceso, no un indicador de fracaso: el apoyo externo suele aparecer recién cuando los resultados ya son visibles.
07¿Cómo se sabe si ya es momento de invertir más en publicidad?
Cuando la campaña funciona pero el presupuesto la limita, no cuando no funciona. Invertir poco en una campaña que sí convierte es el error más común según lo que vemos en consultoría.

