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Módulo 7 · Gestión y productividad

Disciplina empresarial: lo que aprendí en Okinawa

Esta lección forma parte del Módulo 7: Gestión y productividad del Curso de Kommo CRM.

La disciplina empresarial no se parece en nada a lo que muestra Instagram. Viajé más de 48 horas desde Córdoba hasta Okinawa, la cuna del karate, con mi escuela y mi sensei, y me volví con algo bastante menos fotogénico que una playa: otra forma de medir el tiempo de una empresa. Esto es lo que vi en la isla y lo que me quedó dando vueltas sobre la mía.

Esta reflexión sobre disciplina empresarial nace de un viaje a Japón: cómo la cultura japonesa enraíza decisiones que recién dan resultado quince o veinte años después, y qué de eso se puede aplicar a una empresa que recién arranca.

Si tu mentor viaja en primera clase, eso no te dice nada

Ya embarcado en Buenos Aires, viajando en económica, me acordé de un video de Instagram que decía que si tu mentor no muestra en qué viaja ---primera clase o económica--- tengas cuidado. Yo llevaba un carry-on y una mochila, y nada más.

Ese tipo de contenido genera el sentimiento de que si no viajás en primera clase no servís, o de que no tiene sentido viajar de otra manera. Está bueno viajar en primera clase, supongo que tiene sus beneficios, pero mirar todo desde ese único parámetro ---si tenés un Rolex, si tenés determinado auto, si sos rico o no--- a mí no me sirve. Es contenido de consumo masivo que no es aplicable al día a día de una persona común.

Si estás eligiendo a alguien que te acompañe, fijate en otros parámetros: si tiene experiencia, si te escucha, si te dedica tiempo a vos. Eso es lo que yo comparto como filosofía, acompañando a un montón de clientes.

Y algo más honesto todavía: este viaje es realmente mucho dinero, mucha organización y mucho tiempo. No cualquiera lo puede hacer. Decir lo contrario también es una forma de vender humo.

Cuarenta y ocho horas de viaje para llegar a la cuna del karate

La ruta fue Córdoba, Buenos Aires, Houston, Tokio Narita, un bus de unos cuarenta minutos hasta el aeropuerto de Haneda, y recién ahí el último vuelo a Okinawa. Llegué al aeropuerto a las siete y media de la mañana y el avión me tocaba recién a las nueve de la noche, así que la espera fue larga antes del primer tramo. En total, más de 48 horas de puerta a puerta.

No era un viaje de turismo. Era el viaje de mi academia de karate, la escuela Miyazato de Córdoba, para festejar el aniversario número 65, y allá nos íbamos a encontrar todos con el sensei. Yo tenía escrito hacía varios años que quería conocer Okinawa. Escrito, no pensado. Y se me juntó todo al mismo tiempo: este viaje, la posibilidad de rendir para el cinturón marrón, el italiano que estoy estudiando y las metas con mi negocio y mi equipo.

La disciplina empresarial que vi en Okinawa se llama enraizar

Al tercer o cuarto día, parado solo en el mirador del Memorial Park, me hice la pregunta obvia: por qué hice este viaje y qué es lo que nos quiere comunicar el sensei.

La respuesta que encontré es una sola palabra: enraizar. Creo que este viaje tiene la intención de enraizar los proyectos que tengo, como lo hace la cultura japonesa. Las empresas de Japón piensan a quince, veinte años; recién ahí piensan en rentabilidades o en tener resultados de verdad con su negocio. Y creo que voy a lograr con este viaje más enraizamiento de mis negocios, de la agencia y de la consultora.

Lo otro que creo que nos propone el sensei es darnos cuenta de una visión más global: de la cultura que tenemos y de todo lo bueno que tenemos en Argentina.

La historia del sensei: la capacidad era estudiar

En una de las casas que visitamos escuchamos la historia del sensei contada por alguien que la vivió al lado. Es una historia de posguerra en serio.

El sensei vivió la Segunda Guerra Mundial entre Osaka y Tokio, y volvió a su Okinawa natal recién a los dieciocho o diecinueve años, cuando la guerra terminó. Casi no sabía hablar el idioma de la isla y tuvo que aprenderlo rápido, porque era una época en la que se burlaban mucho. Okinawa estaba destruida: hambruna, enfermedades, gente que se enfermaba y estaba más cerca de la muerte que de sanarse. No había zapatos ni zapatillas, andaban descalzos. Quien contaba la historia se clavó una espina que le pasó el pie de punta a punta, los dos pies, y todavía se acuerda del día en que lo llevaron al hospital.

En ese contexto el karate estaba mal visto. Después de la guerra la cultura se pierde, y el que hacía un poco de karate era el bandolero que se llevaba a la gente por delante. La gente le tenía miedo.

El sensei decidió lo contrario: que todo el que hiciera karate tenía que estudiar. Tenía clarísimo cómo romper esa fama, y era con capacidad. Y capacidad, para él, era estudiar. No lo dijo nomás: se enfrentó con muchachos bastante más grandes que él para que a los chicos los dejaran estudiar en vez de llevárselos a trabajar. Con hambruna encima, mandarlos a trabajar era lo lógico. Él eligió lo otro.

El resultado se ve a la distancia: entre los alumnos de la escuela de esa época hay dos o tres abogados, en una época en la que un abogado prácticamente no hacía karate. Es una decisión cuyo resultado recién se ve una generación después, tomada en el peor momento posible para tomarla. Eso, para mí, es disciplina.

Lo que allá es estándar y no se discute

Hay cosas chicas que en Japón son normales. En todos lados te sacás los zapatos para entrar, en las casas y donde dormís. Perdí el paraguas un día de lluvia tremenda y lo encontré apoyado en un costado, donde había quedado: ahí no roban nada, es muy seguro y sorprende. Cuando llegamos al aeropuerto, la gente de ANA nos atendió de una manera que acá no es habitual: te señalan por dónde ir, te atienden, te sonríen, te imprimen el boarding pass sin que tengas que pelearla.

El castillo de Shuri, que se quemó en 2019, está en reconstrucción: le hicieron una carpa enorme encima para poder trabajar de día y de noche sin que la lluvia y las tormentas arruinen la obra. Eso también es una manera de pensar el tiempo.

También vi el reverso, y conviene decirlo. Naha, la ciudad principal, me pareció una ciudad que quedó en el tiempo: parece que se le inyectó un impulso económico grande en los sesenta y setenta y después quedó ahí, y recién ahora se ven muchas obras nuevas. Y sí, me habían vendido el Hawaii japonés y Okinawa no es eso. Es mucho más cultural y mucho más familiar que la foto. Con las empresas y con las herramientas pasa parecido: la foto siempre está mejor que la implementación.

Quince minutos por día: el consejo que me traje de Tokio

En Tokio, cerca del templo Meiji, terminé charlando con Elena, que habla ruso, inglés, francés, algo de español e italiano, algo de alemán, entiende bastante polaco y estaba arrancando con el turco. Le pregunté cómo hace, porque yo estoy estudiando italiano.

Su respuesta no tuvo nada de místico. Primero, saber por qué lo estás haciendo: la motivación. Segundo, practicar con nativos; ella tomó un profesor particular para que le corrigiera la pronunciación, y con una clase por semana alcanza si practicás en el medio. Tercero, ir al país donde se habla el idioma, porque estás adentro de la cultura y aprendés más rápido. Cuarto, meterse en el idioma por todos lados: series, radio, lectura y gramática. Y escribir, porque cuando escribís el cerebro memoriza las palabras y entendés la estructura del idioma. Y hablar sin miedo a equivocarse, que es donde la mayoría se traba.

El número que me quedó grabado es el que ella usó cuando arrancó con el francés por su cuenta: al menos quince minutos por día, sostenidos un par de años.

Quince minutos por día es un presupuesto que cualquiera puede sostener. Una capacitación intensiva es más vistosa y más fácil de contar, pero lo que enraíza es la frecuencia.

La ventaja argentina que solo se ve desde lejos

Parado en ese mirador, con una humedad tremenda encima y estando en otoño, lo que más extrañaba era la flexibilidad que tiene Argentina, y hasta el clima. Criticamos un montón de cosas, y cuando venís acá te das cuenta de todo lo bueno que tenemos.

Estuve un rato largo ahí parado, simplemente agradeciendo por todo lo que tengo y por todo lo que se laburó para poder llegar a este viaje, porque es mucha plata. Te hace pensar y decir: bueno, realmente lo logré, lo estamos haciendo.

Y ese es el punto que cierra el viaje: la cabeza a quince años, que es lo que fui a buscar, con la flexibilidad de acá.

Por qué publicamos esto

Porque este es el contenido que a mí me hubiera servido cuando arrancaba y casi nadie lo hace: no vende un método, no promete un número, no te muestra un auto. Lo publicamos porque preferimos trabajar con empresarios que piensen a quince años antes que con alguien que busca un truco para el trimestre. Con el primero se puede construir algo.

La disciplina empresarial que se aprende mirando la cultura empresarial japonesa no reemplaza la estrategia, pero sí explica por qué pensar a largo plazo en los negocios rinde más que perseguir resultados del mes.

El siguiente paso

Podés ver el video completo del viaje en el canal: el recorrido entero, la historia del sensei contada por quien la vivió y las exhibiciones de karate en la isla. Esta reflexión es parte de una serie grabada en el mismo viaje, junto con el momento perfecto no existe y errores al emprender: la realidad que nadie te cuenta.

Y si querés bajar esto a tu empresa, la pregunta con la que yo arrancaría es a qué distancia estás pensando hoy tu negocio. Si querés que lo miremos juntos ---procesos, equipo, sistema comercial--- escribinos y armamos un diagnóstico. Sin pitch: primero miramos, después vemos si tiene sentido trabajar juntos.

Preguntas frecuentes

01¿Qué es la disciplina empresarial en términos concretos?

Por lo que vi en Japón, es enraizar: sostener estándares que no se discuten y tomar decisiones cuyo resultado recién se ve a quince o veinte años.

02¿Por qué las empresas japonesas piensan a 15 o 20 años?

Porque enraízan sus proyectos, como toda la cultura. Recién en ese horizonte evalúan rentabilidad y resultados reales del negocio.

03¿Cómo elijo un mentor o consultor para mi empresa?

Fijate si tiene experiencia, si te escucha y si te dedica tiempo a vos. No si viaja en primera clase, no si tiene un Rolex y no por el auto que muestra.

04¿Cuánto tiempo hay que dedicarle a aprender algo nuevo?

El consejo que me llevé de Tokio fue al menos quince minutos por día, sostenidos, más una instancia formal por semana y práctica en el medio.

05¿Qué tiene que ver el karate con la gestión de una empresa?

Que el sensei resolvió un problema de reputación con capacidad y estudio, no con fuerza, y esa decisión recién dio resultados una generación después.

06¿Se puede aplicar la disciplina empresarial japonesa a una pyme?

Sí, en la lógica más que en la escala: sostener estándares que no se negocian y medir resultados en plazos más largos de los que la ansiedad del día a día suele permitir.

07¿Qué señales indican que un mentor de negocios no sirve?

Cuando el discurso se apoya en el estilo de vida que muestra —autos, relojes, viajes en primera clase— en vez de en la experiencia real y el tiempo que te dedica.

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